Un hombre gastado
Dic 16
Este era un hombre muy viejo. O quizá no tan viejo, pero sí muy gastado. Se había encogido de esa manera en que se encogen las personas que han padecido mucho sufrimiento físico. Como si el cuerpo se les hubiera quedado en esa pose torcida en la que se abraza, fuerte, una panza adolorida. El viejo iba sentado frente a mí en un ómnibus que nos llevaba a algún pueblo. No importa qué pueblo, no viene al caso. Al viejo ya no le dolía nada, quizá le ardían los ojos claruchentos con los que miraba la ventana. Pestañeaba de seguido para humedecerlos, supongo. Yo intentaba leer un libro, estaba en la frase “…y siempre quedaba el recurso de marcharse”, y me encantaba esa frase y me encantaba todo lo que venía después –era un libro que ya había leído–; pero la mirada se me iba hacia la cara del viejo y trataba de no cruzarme con sus ojos. No debe ser lindo para un hombre gastado que alguien más o menos nuevo lo mire, reconociendo en él la peor de las tragedias humanas: el deterioro. Sus manos soportaron durante un rato mi atención: raquíticas, enrojecidas, deshollejadas. Era como si se las hubiera sacado de la muñeca, las hubiera puesto en el microondas y se las hubiera vuelto a poner enseguida, sin dejarlas reposar. “¿Qué lees?”, me dijo el hombre y yo aparté rápidamente los ojos de sus manos. “Un libro…”, le dije y alcé los hombros. “Ya”, dijo él y sonrió, creo. Imaginé que el viejo había perdido la costumbre de estirar la boca hacia los lados, porque esa supuesta sonrisa no le había salido fácil. A lo mejor, a lo largo de muchos meses la mueca más recurrente del viejo fue la de arrugar la cara y separar muy levemente los labios para dejar salir un quejido muy bajito, porque ya ni fuerzas tendría para quejarse en serio, o porque cada vez que lo hacía el paciente de al lado lo puteaba. “Cuando yo era joven también me gustaba leer”, me dijo el hombre. Su voz, sorprendentemente, no estaba tan gastada como el resto de él. “¿Qué le gustaba leer?”, le pregunté y él me dijo que cualquier cosa. Después, cuando yo había vuelto a simular interés en mi libro y suponía que él en su ventana, volvió a hablar: “Hace mucho que no leo –se llevó las manos a los ojos y se los frotó–, ya no veo bien”. Yo asentí, cerré el libro, me pareció de mal gusto restregarle en la cara que mis ojos, en cambio, funcionaban bárbaro. “¿No me leerías algo, jovencita?”, dijo el hombre. Y no sé por qué ese pedido intempestivo me emocionó tanto: balbucee que sí, encantada… esas cosas. Me aclaré la garganta: “Para colmo, el mal tiempo…” –volví a leer desde el principio. Y el hombre recostó la cabeza en la ventana, y mi voz duró lo que el resto del viaje.
Dic 16 | 18:59
Es la primera vez que se ocurre entrar al blog, pero también es cierto que hace tiempito ya soy un ferviente lector de “Ciudad…” como así también de Crítica.
El motivo del comentario es nada más que para felicitar tus relatos pués me gustan muchos ya que contribuyen a reabrir la puerta del imaginario y repensar un montos de cosas. Saludos.
Dic 16 | 19:19
Ah… me olvidaba. Quería felicitarte especialmente por un comentario que escribiste debajo de la nota sobre el pibe que entró más de 60 veces a la comisaría, se titulaba creo que “el odio de las diferencias” o similar, no recuerdo muy bien pués fue hace un tiempito atrás. saludos.
Dic 17 | 03:59
Hace ya un tiempito que que cuando leo tu nombre en la contratapa del Critica sé que la cosa será distinta. Hoy, luego de este relato, busqué tu blog. Caramba. Tenés una forma muy luminosa de mostrar. Que lindo leer el mundo a través tuyo.
Gracias.
Dic 17 | 09:03
Muy bello este texto y todos los de tu página. Somos varios los que leemos pero pocas veces comentamos.
Cariños!
GG
Dic 17 | 16:24
Tal como dijo Tavo, qué lindo leer el mundo a través tuyo. Todos los lunes y miércoles te busco en La ciudad de la furia… Me gusta y comparto tu mirada del mundo, y creo que estas historias cotidiana y sencillas merecen ser contadas.
Dic 20 | 19:09
saludos a la periodista margarita garcia por la forma como escribe sus cuentos, aquello que desde lo profundo nace es plasmado luego en la tarea exclusiva de un libro.
lea mi blog: http://manuel-cuentosandinos.blogspot.es agradeceré tus comentarios.
Dic 22 | 14:06
Gracias Margarita, sos la nueva Bioy Casares, con un poco de Cortázar….gracias
FITO